Amo el té con limón, seguida de las charlas con mamá.
Y esa felicidad segundera (de segundos porque ni siquiera segunda soy)
Amo esa sensación de haber estudiado más de lo esperado para el día.
Odio cocinar un manjar para mi solamente, y solo yo recordar su rico sabor.
Quisiera que estés acá, contemplándome los ojos, contándome los humores.
Caminito hacia el costado del mundo, lo seguías con tu boca, con tus dedos, mi perdición.
Quisiera que las libélulas de mi pared algún día puedan alcanzar el sol.
Amo el pullman semicama con calefacción y ese estado de entre dormida,
a veces me siento estúpida queriendo que el viaje dure ocho y no cuatro horas.
Odio el camino a la facultad aunque solo sean un par de cuadras
Odio que la soledad desespere de día y de noche, y que me encuentre en actos patéticos.
Odio tus dos bonetes. Odio las arrugas de mi frente, a este circulo vicioso, a los políticos, y a tu voz maricona que retumba como ecos (que no volverán)
Odio que despertarme después de la 1 p.m me haga doler la garganta.
Odio los pelos en las piernas, el esmalte corrido, la tos en el colectivo.
Odio a los hombres, inentendibles.
Odio mi pasado de pelotuda, mi presente sin cambio alguno.
Amo caminar los días de primavera.
Planeo más que nada cuantos vasos de fernet son necesarios para imaginarte gratis.
Odio no encontrarme al chico de la sonrisa perfecta.
Quiero vivir la vida, y no se me permite, odio eso.
Odio que pongas canciones de FONTANET.
Odio no tener un chongo rosarino.
Amo tu cuerpo sobre el mio, odio tu cuerpo sobre el de ella.
Odio más que un nombre propio de mujer, y me gustaría saber si alguna es mejor que yo.
Odio que el sexo sea el centro del universo.