miércoles, 29 de diciembre de 2010

Incompletud III, de la colección

Si supieras que tiemblo cada vez que te vas,
y que en ese estado permanezco hasta que vuelvo a saber que estas,
de cualquier manera, pero estas.
El miedo, la paranoia que ya no existe y la desconfianza que trato de apartar de mi.
A veces la situación se complica cuando mi cuerpo te necesita.
O cuando ese mismo miedo invade cada célula de mi cuerpo.
Porque yo no pido que me jures cosas que no podes cumplir,
pero a la vez el no saber que pasara mañana, me desespera.
Quizás me despierte y sea otro día normal, en el que me cuentes algunas de tus hazañas
y con suerte nos demos algunos besos.
O también quizás no aparezcas y te vea con otra.
No se si es desconfianza, miedo, o lo que me quedo del pasado.
Quisiera sentirte mio, como antes, como siempre.
Pero lo cierto es que yo ya no sé si somos los de antes.
¿Cómo tener la certeza de que todo va a salir bien?
 Es que ya no es tan simple como verte y sentir algo que yo lo defino como Amor.
Una lucha adentro mio, y no me deja vivir.
Y un "por las dudas" se guarda algunas cosas en un viejo cajón para que no puedas verlas.
Te seguiría odiando como antes de todo esto, recordaría cada mañana ese pasado tormentoso
que me sigue hasta en los sueños. Con ese nombre que un día se te escapo sin querer y mirándome a los ojos.
Pero me derrito,cuando demostras cariño solo apoyando tu mano sobre mi pierna.
Tu humor de mierda, tu pelo alborotado.
Lo dulce que sos cuando querés.
Te miraba de lejos, o de no tan lejos.
Y me enamoraba sin remedio cada vez más de vos.
Tus sonrisas, que para mi valen oro y mas si yo soy la causante.
(sabes que no exagero)
Y sentí, como una llamarada, el deseo pasar el resto de mi vida al lado tuyo.
Contemplándote los ojos.
Y ahí me doy cuenta de la magnitud de las cosas.
Quizás pido demaciado, quizás para vos no significo lo mismo y soy sin embargo algo del momento.
y de así ser ¿Qué hago yo al lado tuyo? ¿ Cuál es el objetivo de todo esto?
Son cuestiones que surgen en mi cuando las cosas no están demaciado claras.
O tal vez, sí te quedes al lado mio a pesar de la distancia.
Trato, trato de fluir como vos querés.
Te pido disculpas, pero esta no soy yo.
No soy yo sin miedos, sin reproches..
Es como que cuando te vas no siento alegría, sino un vacío inmenso..
Incertidumbre también.
Necesito tener la seguridad de que mañana cuando despierte vas a seguir estando acá.
que no te vas a ir.. que te vas a quedar.
A quedar conmigo. Para siempre.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Ficción I

Y la sangre brotaba, sabía que una vez más se le había ido la mano.
Quizás quería corroborar que aun estaba viva,
y que él no se lo había llevado todo, que algo quedaba todavía.
El pasado más oscuro que podía imaginarse,
los golpes la hicieron cada vez más fuerte.
Era como una muñequita pero con algunas marcas.
Lo que más llamaba la atención era como su cuerpo todos los días cicatrizaba las heridas,
sin importar cuan deprimida o cuantas ganas de morirse tenía.
Había entonces que seguir viviendo.
No se opuso a eso.
Es que algunas veces ella se recuperó, y otras tantas recaía.
Creía que era sólo cuestión de madurez, que ya iba a pasar.
Lo ocultó, y la manía se fue haciendo cada vez más y más y más fuerte.
Era como una contradicción continua,
no quería ser una víctima,
pero para demostrarle a los demás de una manera simbólica lo que era sufrir,
algo había que hacer.
Y así fue.
...
La niña creció, se fue y volvió.
Su mamá dijo que la amaba y si asi era, ¿Tan ciega podía ser?
Lo cierto es que la niña nunca la perdonó.
Quizás si la madre lo hubiera sabido, alguna vez.
Pero nunca quiso contárselo, yo creo que esperaba que algún día se diera cuenta sola de el daño que le causaba.
.. Pero jamás lo hizo.
Le comía la cabeza de maneras inimaginables,
y y la niña ya no tan niña, no estaba haciendo nada malo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Aprender a fluir

Hay lecciones que cuestan de aprender, y si no eres capaz de hacerlo a la primera te toca repetir curso. En la vida pasa igual.
Tengo un buen amigo que me advierte constantemente que la única persona que puede cambiar el rumbo de sus cosas, es uno mismo.
Por mas que deseemos que el otro cambie, si no quiere o no puede por razones diversas, no va a ser posible.
Aunque yo realice acciones, haga insinuaciones, provoque situaciones, …
si existe ese cambio, a la corta o a la larga no será válido, porque no ha salido de esa persona,
sino que lo he propiciado yo influyendo de alguna manera en su decisión.
Es verdad que necesitamos que alguien nos indique algunas veces el camino,
que nos advierta cuando lo hacemos mal, que nos dé un empujoncito porque no nos atrevemos, pero quien lo llevará a cabo realmente, somos nosotros y la decisión final es pura y exclusivamente nuestra.
Así pues, la lección que he aprendido ahora es dejar que todo fluya, que cada uno lleve su ritmo.

Si en algún momento nuestros caminos se encuentran, caminaremos juntos,
sino ha de ser así, date por seguro que haberme encontrado con vos
fue una experiencia positiva y al fin y al cabo, un verdadero placer.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Incompletud II

Era una tarde de verano, comenzaba a saber que una de las cosas que más me gustaba era, indudablemente escribir.
Como antes decía, agarrar una lapicera y apretarla lo más fuerte posible contra el papel y así, olvidar.
Cuando tenía trece años, escribía poesías, horribles, contando el sabor que tenía su boca.
Mi tía se recosto junto a mí, justo en ese momento.
Era un escrito más, uno de los tantos que escribí durante años, para nada especial, ni el más poético, ni el más verdadero, uno más, y con esos versos, la deje ir.
Todas las noches volví a abrir ese cuaderno, me heche la culpa una y otra vez.
El miedo me paralizo.
Me odie de nuevo, pero ella ya no estaba, jamás iba a volver.
Prometí cambiar.
Anterior a esto hubo fuego, más fuego.
Baje de el auto, y ha de surgir justo en ese momento mi segunda manía mas estúpida.
Hacer llamados de auxilio que no hacen más que revelar lo que generalmente nadie quiere que se le revele.
Nuestras respectivas miserias.
Pero tan mal esta que yo quiera que sepas que te necesito?
Me escondí detrás de un árbol, y surgió allí, mi primer ataque de nervios.
Llame a 30 personas, incluyendolo a él.
Vi llorar a todos, a gente hecha a golpes.
Entre las calles oscuras decidí irme, sola.
Y luego dije: tengo que cambiar.
Se que no soy perfecta, que necesito saber que mañana va a haber algo sólido.
Al día siguiente me desperté, en una cama que no reconocía muy bien, estaba sola.
Y cuando llegue, mi placard estaba en el garage, agarre mi ropa.
Tenía ese olor que hasta el día de hoy esta impregnado en mi nariz, un olor horrible.
Y así era, estábamos en la nada misma.
Quizás de ahí provenga mi miedo, o quizás son puras justificaciones.
¿Qué probabilidad hay de que me acuerde de un almuerzo común ocurrido hace cuatro años?
Remotas.
Aun así recuerdo los tallarines con tuco, hechos con amor.
Por primera vez en mi vida no pude tragar, aunque sabía que estaban riquisimos.
Todavia sueño con tu abrazo en mi fiesta de quince.
¿Quién rezo por mi estos cuatro años que estuviste ausente?
Jamás voy a olvidarme de ese papelito que encontré en algunas de tus cosas, pidiéndole al pastor que por favor yo y mis hermanos estuviéramos bien.
No pedías por vos, dabas, dabas, dabas, sin pretender nada a cambio.
Tendria que aprender algo de ella no?
Hoy que no está, se cuando la quise y no creo haberle devuelto demaciado, lamentablemente con ella tampoco hice las cosas bien.
Me siento culpable.
Tengo que cambiar.
¿Tengo que cambiar?

sábado, 4 de diciembre de 2010

Amigas

Y Catalina me dijo: descorchemos un champagne esta noche, festejemos.
Con mi mejor cara de feliz cumpleaños y sabiendo que siendo las 12 me agarra la típica depresión de viernes por la noche, le dije que sí.
Lo vi como cinco veces luego, me bañe pero al instante, sin darme cuenta ya estaba tapada, acostada y cerrando los ojos, en pocision de irme a dormir.
Entonces tocaron el timbre.
Me levante, me vestí, y nos fuimos. Te juro que no pensé en vos, hacia meses que no podía parar de pensarte.
Llegamos a destino, y detrás del alambrado cantamos canciones.
Tomamos dos frizze y descorchamos el susodicho champagne, seguido de conversaciones filosóficas
acerca de la vida, de mi, de vos, de ello de aquello.
-Sí, yo creo que titularía mi vida como.. Yo y mi inseguridad, más allá creo que ese es el fin y el comienzo de todas mis problemáticas.
Hablamos también de la temerosa niña de trece años que no comía, de equivocaciones de padres, de amigas,de la vida en si misma.
Bailamos otro rato, y escuchamos a Mario Luis.. que coreaba, como pude amarla si hoy la odio tanto...
Somos especiales, somos un peligro. Y eso me gusta de nosotras.
Me gusta que disfrutemos de las mismas cosas, de las mismas andanzas,
y no caer más en la rutina de a las 3.00 en la puerta de uma.
Ayer estuvimos como quisimos estar, extrañaba eso.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Irrefutablemente

Mi instrucción rebasó, en efecto, mis suposiciones.
No, definitivamente no era lo correcto.
Ahí supe por mí misma que no se debe, y sobre todo,
porqué no se debe, hablar demasiado.
Y como una cosa lleva a la otra..
que no la quieras a ella,
no significa que me quieras a mi.


y.. " antes de que me quieras como se quiere a un gato,
me largo con cualquiera que se parezca a ti"