viernes, 24 de diciembre de 2010

Ficción I

Y la sangre brotaba, sabía que una vez más se le había ido la mano.
Quizás quería corroborar que aun estaba viva,
y que él no se lo había llevado todo, que algo quedaba todavía.
El pasado más oscuro que podía imaginarse,
los golpes la hicieron cada vez más fuerte.
Era como una muñequita pero con algunas marcas.
Lo que más llamaba la atención era como su cuerpo todos los días cicatrizaba las heridas,
sin importar cuan deprimida o cuantas ganas de morirse tenía.
Había entonces que seguir viviendo.
No se opuso a eso.
Es que algunas veces ella se recuperó, y otras tantas recaía.
Creía que era sólo cuestión de madurez, que ya iba a pasar.
Lo ocultó, y la manía se fue haciendo cada vez más y más y más fuerte.
Era como una contradicción continua,
no quería ser una víctima,
pero para demostrarle a los demás de una manera simbólica lo que era sufrir,
algo había que hacer.
Y así fue.
...
La niña creció, se fue y volvió.
Su mamá dijo que la amaba y si asi era, ¿Tan ciega podía ser?
Lo cierto es que la niña nunca la perdonó.
Quizás si la madre lo hubiera sabido, alguna vez.
Pero nunca quiso contárselo, yo creo que esperaba que algún día se diera cuenta sola de el daño que le causaba.
.. Pero jamás lo hizo.
Le comía la cabeza de maneras inimaginables,
y y la niña ya no tan niña, no estaba haciendo nada malo.

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