lunes, 11 de julio de 2011
Tus ojos, volcán de tu alma, sangran sin consuelo aparente.
Y de una cama a la otra, el insomnio se apodera de nosotros, el pudor también, miro la pared y vos te acercas desde atrás, siento como un fuego mientras me rozas la piel, cosas que hace rato sola no sentía, me das vuelta la cara , se suponía que teníamos que mirarnos, pero cierro los ojos y miro justamente al vacío inmenso que tengo dentro, comenzaba a besarme y a rozarme su cuerpo, las cosas empeoraban de apoco, me sofocaba y no sentía el metal en mi boca jugando. Prosiguió el asco y mientras seguía besándome comenzó a bajar de a poquito, primero hacia mi cuello, su saliva a borbotones parecía el liquido más sucio que había tocado mi cuerpo, siguió bajando y una sonrisa ocupo mi rostro por completo, incontenible. Me relajé, nada pasó en mi y mientras el subía nuevamente después de 2 segundos, volvía a besarme, y justo en ese momento quería desaparecer de la faz de la tierra.
A veces él me miraba, podía sentirlo, yo nunca abrí los ojos, no lo hubiera soportado. Simplemente volví a girarme y a mirar la pared, el se acurruco detrás de mi y me tomo de la mano. Ahí estaba yo, con recuerdos recurrentes, con ganas de reemplazarlo, con la estufa en la cara y ya con lágrimas en los ojos.
Eso me pasa por querer reemplazar personas irremplazables, por quererte tanto, hasta el extremo. Porque solo Dios sabe que tienen esas manos y esa boca, porque si no voy a ver tu boca semiabierta prefiero no mirar, si no escucho TU respiración agitarse me desespero. Me quedo petrificada allí.
Por suerte me dormí rápidamente, apuesto que el se quedo despierto, como yo cuando iba a tu casa y te miraba dormir.
Y su cuerpo, sus músculos, su peso sobre mi, me duele, me aplasta el abdomen. Y de repente te imagino a vos durante seis segundos en un acto de vaivén constante, con ella, te imagino disfrutando.
Me pregunto luego como es que esto no te pasa, te vuelvo a imaginar mirándola a los ojos y sonriendo, desespero.
Quizás cuando estábamos juntos pensabas en ella y de solo decirlo se me termina el mundo. Se me cambian los ejes cuando recuerdo las noches enteras mirándonos fijo, siendo concientes del calor que irradiaban nuestros cuerpos y que compartíamos apretándonos el uno con el otro.
Y me cago hoy en el presente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario